miércoles, 3 de marzo de 2010

Doña Pompirosa y su gran nariz


Había una vez, hace muchísimos años, una bruja muy vieja que se llamaba Pomperiposa. No es un nombre muy bonito, pero a pesar de todo, es más bello que ella misma.
¿Os podéis imaginar como era?
Tenía dos ojos rojos y pequeños y una boca grande con sólo tres dientes. En las manos tenía muchas verrugas y en la espalda una gran joroba. Le gustaba mucho masticar tabaco.
Vivía sola en una casita en medio del bosque. Su casita estaba hecha de chorizos, jamones y en vez de ladrillos había bombones.
Nadie se atrevía en el bosque a acercarse a su vivienda porque la bruja era muy mala. Si alguien se atrevía le convertía en un objeto. Su única pena es que cada vez que encantaba a alguien su nariz crecía un poco más.
En el mismo bosque donde vivía Pomperiposa vivía también un rey que tenía dos hijos: un príncipe llamado Pepe y una princesa llamada Pepa.
Un día los dos niños dijeron a su sirviente que querían dar un paseo por el bosque. Después de un rato de paseo llegaron a un lago y el sirviente, un poco despistado, se mojó sus zapatillas de seda.
• ¡Oh, he de ir al castillo a ponerme unas botas!, les dijo el sirviente. Antes de marchar les indicó a los príncipes que no se moviesen de ese lugar hasta que el volviese.
Pero claro, los dos niños no entendían de normas y continuaron su caminata alejándose cada vez más del castillo.
Como iban por el mismo bosque de la malvada Pomperiposa, los pájaros, conocedores del peligro que corrían, dejaron sus cantos y empezaron a avisar a los niños para que no continuasen su camino. Pero ellos no hicieron caso, preferían pasar una aventura, el castillo era demasiado aburrido.
Al encontrarse la casa de Pomperiposa se sorprendieron al verla formada de chorizos, jamones y bombones.
Pomperiposa, que les observaba desde la ventana sacó su enorme nariz de la casa y les miró.
• Entrad, entrad- dijo. Yo soy vuestra hada. Os haré unos dulces con mermelada. El príncipe Pepe y la princesa Pepa la creyeron aunque sentían algo de miedo.
• Mmmmm- dijo Pomperiposa mientras les miraba.
• No he comido patos hace mucho tiempo. – al acabar de decir esto la bruja convirtió a los dos príncipes en dos patos pequeños y blancos.
• Uiii- dijo la bruja – la nariz me ha vuelto a crecer.
Los pájaros que observaron todo fueron a buscar a la cigüeña, que es el pájaro más inteligente de todos los pájaros porque cada invierno va a Egipto a estudiar los jeroglíficos de las pirámides para que los aconsejara.
• Ahora iréis a nadar patitos míos – dijo Pomperiposa. Y los condujo al lago con su gran bastón.
Pomperiposa estaba cerca del lago acariciándose su gran nariz. Al girarse observó que el sirviente de los príncipes se acercaba con una gran espada y ella reaccionó rápidamente convirtiéndole en un pájaro.
• Pío, pío... – dijo el sirviente pájaro saltando.
En ese momento volvió a crecer otro trocito la nariz de la malvada bruja.
• ¡Por fin he encontrado la solución para acabar con los hechizos de Pomperiposa! - gritaba a lo lejos la cigüeña que llevaba un gran libro en su pico. - ¡Solamente el grito más horroroso de la tierra acabaría con su hechizo¡ - explicaba la cigüeña.
Los dos príncipes que entendieron el mensaje indicaron a la bruja que mojase su nariz en el lago para refrescársela. Una de las veces que tenía su nariz dentro del agua pasó un cangrejo que llevaba varios días sin comer y viendo esa suculenta nariz la enganchó fuertemente con sus enormes tenazas.
• ¡¡¡Aaaahhh!!!. El grito de Pomperiposa era el más espantoso que se podía oir.
Inmediatamente se rompió el encantamiento y los dos patitos volvieron a ser el príncipe Pepe y la princesa Pepa, y el pequeño pájaro se convirtió nuevamente en el sirviente.
Después de dar las gracias a los pájaros y a la sabia cigüeña volvieron rápidamente al castillo donde los padres les esperaban con gran preocupación por la tardanza de su paseo.
Pomperiposa se convirtió en piedra y dicen los animales del bosque que un día al año se vuelve a oír el horrible grito de la bruja.

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