lunes, 1 de marzo de 2010

La leyenda de Momotaro

Hace muchos años, en una región apartada del antiguo Japón havia una pareja de ancianos que vivían tranquilamente en unas montañas aisladas. La pareja no tenía ningún hijo y, todo y ser muy ancianos oraban todos los días para que los dioses les concedieran uno.
El hombre viejo había sido un poderoso guerrero samurai en su juventud y había tenido un gran castillo pero ahora estaba contento con su vida sencilla en el campo.
Cuando un día la viejecita estaba lavando la ropa en el río de aguas heladas vio una cosa extraña que bajaba río abajo. Parecía un melocotón gigante. La viejecita se puso muy contenta porque era un melocotón enorme y parecía muy bueno. Se lo llevo a casa para cenar.

Cuando el marido volvió de buscar leña del bosque se disponía a abrir la deliciosa fruta pero…. OH! De dentro del melocotón gigante salió un niño precioso. La pareja de ancianos creyeron que los dioses habían escuchado sus plegarias y lo adoptaron. Le pusieron el nombre de Momotaro que en japonés significa “niño melocotón”.



La alegría entro en la casa y es volvieron a oír risas a todas horas. Los años pasaron rápido y el niño creció sano y fuerte.

A los siete años Momotaro ya tenia la fuerza de un hombre adulto y su padre lo comenzó a entrenar para ser un buen guerrero samurai. Poco a poco aprendió todas las artes del samurai como la equitación, el tiro con arco, el código de los guerreros, esgrima, caligrafía, conocimientos de los clásicos chinos… Toda esas cosas.

Cuando Momotaro cumplió catorce años tuvo un sueño inquietante y muy real. Unos ogros malvados que venían del mar a saquear y destruirlo todos a su paso. Eran muy fuertes y feroces y arrasaban campos y ciudades. Las gentes salían asustadas de su presencia. Llevaban porras gigantes y cuernos,…

El padre de Momotaro le dijo a este que ese sueño es una premonición, que el mismo combatió hace años a los ogros y que son peligrosos enemigos. Como que seguramente pronto volverían a destruir y saquear, el padre le pedía que fuese allá dónde viven y los combata. El Momotaro juró que así seria.

El siguiente día el padre le dio su espada legendaria y su madre unos cuantos pastelitos deliciosos de una receta que sólo ella conocía. Se despide de la familia y se va a buscar la gloria.

A medio camino se paró a descansar y comió, se le acerco un lobo gigante y de aspecto terrible. Dice ser el señor del bosque y tiene una fuerza sobrehumana. La bestia se interesaba por el olor que le hacia el fardo y por los pastelitos de Momotaro. Dice que si le da uno se unirá a él.
En Momotaro le dice que no le dará un pastelito entero sino que compartirá el suyo con el para unirse más.

En Momotaro y la bestia continúan el camino. El día siguiente un mono con una armadura salto encima de él y a los dos héroes les será imposible cogerlos. Es el típico mono juguetón. Le dice que tiene una gran agilidad y que si le da un pastelito le acompañaran. En Momotaro le dice que compartirá uno con él.

El tercer día de viaje llegaron a una gran explanada de césped donde se oía el ruido de un gran pájaro que se acercaba. Parecía un fénix, el señor del cielo. Le dice también que si le da un pastelito le acompaña.


Momotaro y los tres animales finalmente llegan al mar dónde les esperaba una barca. Le pusieron una bandera con un melocotón dibujado en ella y viajaran a la isla de los demonios.


La isla de los demonios tiene un aspecto terrible y desolado y les impresiona cuando la ven. Los demonios de la costa al ver llegar el barco esperaban una gran flota de guerreros y se esconden a su fortaleza. El mono salta encima del muro y el pájaro vuela por encima. Luchan un poco con ellos y el mono consigue abrir la puerta de la fortaleza para que puedan entrar Momotaro y el lobo.


Empezó una batalla épica de aquellas que duro muchos días y muchas noches. Los cuatro héroes se enfrentan a un ejército de ogros en una lucha sin piedad. Finalmente sale el Rey de los Ogros que es enorme y muy peligroso. Momotaro luchará con él. Después de mucho rato, Momotaro le corto los pequeños cuernos que tenia en la cabeza y el Rey de los Ogros pierdo todas sus fuerzas y poderes. Pedía clemencia y Momotaro acepto. El rey de los Ogros le llevara a su palacio dónde le serán devueltos todos los tesoros que habían sido acumulados por los demonios durante milenios. Oro, plata, diamantes, espadas y armas hechas por los mejores artesanos y los dioses, coral, jade y muchos más tesoros y maravillas. El Rey se lo daba todo además de prometer no volver a atacar nunca más a los humanos. Con lo que Momotaro se mostró satisfecho.



Momotaro y sus compañeros se volvieron a embarcar. Devolvieron todas aquellas riquezas a todos los que se las habían sustraído los demonios, pero sobro muchísimo.
Con todo eso, en Momotaro construyo un gran castillo, el más grande que se recuerda en la historia y se lo regalo a sus queridos padres. Mientras tanto él y sus compañeros continuaron viajando por el mundo realizando las más grandes y heroicas proezas.





Una segunda versión de la misma leyenda, esta vez en video:



2 comentarios:

  1. Hermoso cuento, me dará gusto transmitir a mis amigos, tal como Momotaro compartió sus pastelillos.

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