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lunes, 21 de junio de 2010

La canoa de la balena



Cólera vaporizada

Uno de los animales más misteriosos y perseguidos es la ballena. ¿Pero sabes por qué echa agua por su cabeza?

En la noche de los tiempos existía un Paraíso, al otro lado del mundo. Los animales más poderosos querían conquistarlo, pero tenían un problema: una inmensa masa de agua les separaba de su sueño. Entonces se acordaron de una ballena que surcaba los océanos montada en una resistente canoa. Se la pidieron prestada y el gran cetáceo se negó.

Pero la estrella de mar sabía que la ballena tenía una debilidad: le encantaba que le contasen cuentos. Y la estrella de mar le convenció para que se tumbase y comenzó a narrarle historias de príncipes, piratas y castillos de azúcar. Cuando la ballena estaba casi dormida, todos los animales se montaron en su canoa y se escaparon surcando las olas. Pero a la estrella de mar pronto se le acabó el repertorio de cuentos y la ballena se despertó, se dio cuenta de lo sucedido y entonces, llena de furia, comenzó una lucha encarnizada con la estrella.

Cuando terminaron la batalla, la ballena tenía un agujero en la cabeza y la estrella era más plana que una torta de aceite. El gran cetáceo comenzó a perseguir a su embarcación, pero de nada le sirvió. Y se quedó tan llena de rabia que le salió vapor de agua a presión por el agujero de su cabeza.

La cólera es un arma arrojadiza que se vuelve contra nosotros. ¿Te sale espuma por la boca cuando te enfadas?

martes, 6 de abril de 2010

Historias del platanero

La avaricia no es nada buena. Y si no, que se lo pregunten a la mona protagonista de este cuento. Quiso quedarse con la parte del platanero más grande pero menos útil y, después, lo pagó con la buena tortuga. Aunque, al final, no se salió con la suya.


Érase una vez un tranquilo río en Filipinas. En uno de sus márgenes, una bonita tortuga estaba descansando. Contemplando el paisaje, observó que la corriente arrastraba un platanero, el árbol cuyo fruto son los plátanos.

Ni corta ni perezosa, la linda tortuguita se lanzó al agua y nadó hasta alcanzar el árbol. Después, lo arrastró hasta la orilla.

Una vez fuera del agua, la tortuga se dio cuenta de que sus fuerzas eran limitadas y que debía pedir ayuda si quería llevarse el platanero a casa. La encontró en la mona, aunque con condiciones.

-Sólo te ayudaré si me das la mitad del árbol- dijo el simio.

La mona aceptó de buen grado la proposición y le dio a elegir. La mona se quedó con la parte superior, la de las hojas, porque era más grande y, aparentemente, mejor. Pero la tortuga fue más lista: prefirió la de abajo, que era la que tenía las raíces.

Al poco tiempo, la mona vio cómo cada vez su parte estaba más seca. La tortuga, por su parte, plantó la suya y pronto se llenó de hojas, flores y plátanos.

La mona se moría de envidia. Y tan sólo tuvo que esperar a que la tortuga le volviera a pedir ayuda para vengarse. La tortuga no podía trepar para coger los plátanos, así que tuvo que recurrir a la mona. Pero, ésta, en vez de cogerle los plátanos, se los iba comiendo y tirando encima a la tortuga. La tortuga, asustada, corrió a esconderse. Tenía miedo y le dijo a la mona que hiciera con ella lo que quisiera.

- Hazme lo que quieras, pégame si quieres, pero no me tires al agua- señaló la pobre reptil.

La mona, poco lista, cayó en la trampa y lanzó al agua a la tortuga. Pensaba que sería un castigo para ella, pero no. Las tortugas, en el agua, no tienen competencia. Así, que la buena de la tortuguita pudo escapar de las garras de la malísima mona.