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domingo, 27 de junio de 2010

Gallo y gallina

Un gallo y una gallina salieron un día a coger nueces. Al gallo se le quedaron
atascadas dos nueces en la garganta, así que corría el riesgo de ahogarse.

La gallina corrió hacia una fuente y dijo:
— ¡Querida fuente, dame agua! El agua es para el gallo, que se está ahogando.
La fuente contestó:
—Vete al tilo y tráeme hojas

La gallina corrió hacia el tilo y dijo:
— ¡Querido tilo, dame hojas! Las hojas se las daré a la fuente, la fuente me dará
agua y el agua se la daré al gallo, que se está ahogando.
Pero el tilo respondió:
—Ve a la doncella y tráeme una cinta.

Entonces la gallina corrió hacia la doncella y le dijo:
—Querida doncella, dame una cinta! La cinta se la daré al tilo, el tilo me dará hojas,las hojas se las daré a la fuente, la fuente me dará agua y el agua se la daré al gallo, que se está ahogando.
Pero la doncella dijo:
—Ve al zapatero y tráeme unos zapatos.

Entonces la gallina corrió hacia el zapatero y le dijo:
—Querido zapatero, dame unos zapatos! Los zapatos se los daré a la doncella, la
doncella me dará una cinta, la cinta se la daré al tilo, el tilo me dará hojas, las
hojas se las daré a la fuente, la fuente me dará agua y el agua se la daré al gallo,
que se está ahogando.
—Ve a la puerca y tráeme unas cerdas —dijo el zapatero.

La gallina corrió hacia allí y dijo:
—Querida puerca, dame unas cerdas! Las cerdas se las daré al zapatero, el
zapatero me dará unos zapatos, los zapatos se los daré a la doncella, la doncella
me dará una cinta, la cinta se la daré al tilo, el tilo me dará hojas, las hojas se las daré a la fuente, la fuente me dará agua y el agua se la daré al gallo, que se está ahogando.
—Ve al granero y tráeme paja! -dijo la puerca.

Entonces la gallina fue allí y dijo:
—Querido granero, dame paja! La paja se la daré a la puerca, la puerca me dará
unas cerdas, las cerdas se las daré al zapatero, el zapatero me dará unos zapatos,
los zapatos se los daré a la doncella, la doncella me dará una cinta, la cinta se la
daré al tilo, el tilo me dará hojas, las hojas se las daré a la fuente, la fuente me
dará agua y el agua se la daré al gallo, que se está ahogando.
—Bueno, ahí tienes algo de paja -dijo el granero.

Y entonces la puerca le dio unas cerdas y el zapatero le dio unos zapatos y la
doncella le dio una cinta y el tilo le dio hojas y la fuente le dio agua.
Pero cuando la gallina llegó donde estaba el gallo, éste ya estaba muerto, así que tuvo que beberse ella toda el agua.

jueves, 27 de mayo de 2010

viernes, 14 de mayo de 2010

El hada de los deseos


La pequeña Margarita estaba sentada junto al arroyuelo debajo de una florida mata de saúco. Las vacaciones, el verano, el resplandor del sol y el libro de cuentos sobre el regazo: esto constituía todo su paraíso.
Pero allí, enfrente, en la casita, su madre tenía trabajo a manos llenas.

Margarita contemplaba las luminosas olas, y soñaba. De repente exclamó en voz alta:

-¡Oh, yo desearía ser el hada de los deseos!
Poder decir: "Madre, ¿qué quieres tú? ¡Madre dime tus deseos! Todo lo tendrás tú." ¡Sería maravilloso!

-¡Así sea! -dijo una voz a sus espaldas.

¿Había descendido el hada del libro de cuentos? Por su aspecto, no lo parecía ciertamente. No llevaba ningún vestido tejido de rayos de sol, ni tampoco ninguna diadema en los cabellos, pero sí dos ojos llenos de bondad, aunque, claro está, un hada puede adoptar toda clase de figuras.
Esta vez se parecía, sin embargo, a la anciana mujer del mensajero, con su tosca falda de lana gris. Llevaba un pesado cesto del brazo y dijo, sonriendo a la niña, al alejarse:

-Tú eres ya un hada de los deseos. Lo que ocurre es tan sólo que no has probado nunca, hasta ahora, tu poder. ¡Ve hacia tu madre! Tú puedes convertir en realidad todos sus deseos.

La pequeña Margarita la contempló asombrada. ¿No sería un sueño? Alargó los brazos, miró hacia la radiante luz del sol y exhaló luego un profundo suspiro. Después se apresuró, a grandes saltos, por el sendero de la pradera, al encuentro de su madre.

-¡Madrecita! ¿Tienes tú algún deseo?

-¡Oh, sí! Ve corriendo hasta la aldea y compra sal para la sopa.

La niña se rió y voló montaña abajo. ¡Cuán maravilloso era poder convertir en realidad los deseos!

-¡Madrecita, desea otra cosa! -rogó Margarita a su regreso.

-Si alguien me pusiera la mesa, estaría yo muy contenta.

Se rió de nuevo la chiquilla. Mantel y cubiertos fueron rápidamente colocados, sin olvidar tampoco los vasos ni el cestito del pan, y todo le salía tan ligero de la mano como es propio de una deliciosa hada de los deseos.

-¡Y ahora, el tercer deseo, madrecita!

-Niña, que no hables siempre tanto durante la comida. Papá necesita un poco de tranquilidad en las vacaciones.

-¡Sea! -dijo Margarita sonriendo a la madre-. Y así fue: durante la comida no pronunció una sola palabra, si no era preguntada.

-¿Qué le ocurre a nuestra Margarita? Está completamente cambiada -se admiró el padre.

-Soy el hada de los deseos -gritó, jubilosa, la niña-, y desde ahora realizaré siempre los deseos de mi madrecita.

Entonces la madre, llena de alegría, juntó las manos. Miró a su hija como si la viera por primera vez. Margarita estaba junto a la ventana y los rayos solares resplandecían sobre la blonda cabellera. Toda la muchacha resplandecía. Parecía verdaderamente una pequeña hada, por lo que la madre exclamó:

-¡cuán grande es mi suerte!

miércoles, 3 de marzo de 2010

Doña Pompirosa y su gran nariz


Había una vez, hace muchísimos años, una bruja muy vieja que se llamaba Pomperiposa. No es un nombre muy bonito, pero a pesar de todo, es más bello que ella misma.
¿Os podéis imaginar como era?
Tenía dos ojos rojos y pequeños y una boca grande con sólo tres dientes. En las manos tenía muchas verrugas y en la espalda una gran joroba. Le gustaba mucho masticar tabaco.
Vivía sola en una casita en medio del bosque. Su casita estaba hecha de chorizos, jamones y en vez de ladrillos había bombones.
Nadie se atrevía en el bosque a acercarse a su vivienda porque la bruja era muy mala. Si alguien se atrevía le convertía en un objeto. Su única pena es que cada vez que encantaba a alguien su nariz crecía un poco más.
En el mismo bosque donde vivía Pomperiposa vivía también un rey que tenía dos hijos: un príncipe llamado Pepe y una princesa llamada Pepa.
Un día los dos niños dijeron a su sirviente que querían dar un paseo por el bosque. Después de un rato de paseo llegaron a un lago y el sirviente, un poco despistado, se mojó sus zapatillas de seda.
• ¡Oh, he de ir al castillo a ponerme unas botas!, les dijo el sirviente. Antes de marchar les indicó a los príncipes que no se moviesen de ese lugar hasta que el volviese.
Pero claro, los dos niños no entendían de normas y continuaron su caminata alejándose cada vez más del castillo.
Como iban por el mismo bosque de la malvada Pomperiposa, los pájaros, conocedores del peligro que corrían, dejaron sus cantos y empezaron a avisar a los niños para que no continuasen su camino. Pero ellos no hicieron caso, preferían pasar una aventura, el castillo era demasiado aburrido.
Al encontrarse la casa de Pomperiposa se sorprendieron al verla formada de chorizos, jamones y bombones.
Pomperiposa, que les observaba desde la ventana sacó su enorme nariz de la casa y les miró.
• Entrad, entrad- dijo. Yo soy vuestra hada. Os haré unos dulces con mermelada. El príncipe Pepe y la princesa Pepa la creyeron aunque sentían algo de miedo.
• Mmmmm- dijo Pomperiposa mientras les miraba.
• No he comido patos hace mucho tiempo. – al acabar de decir esto la bruja convirtió a los dos príncipes en dos patos pequeños y blancos.
• Uiii- dijo la bruja – la nariz me ha vuelto a crecer.
Los pájaros que observaron todo fueron a buscar a la cigüeña, que es el pájaro más inteligente de todos los pájaros porque cada invierno va a Egipto a estudiar los jeroglíficos de las pirámides para que los aconsejara.
• Ahora iréis a nadar patitos míos – dijo Pomperiposa. Y los condujo al lago con su gran bastón.
Pomperiposa estaba cerca del lago acariciándose su gran nariz. Al girarse observó que el sirviente de los príncipes se acercaba con una gran espada y ella reaccionó rápidamente convirtiéndole en un pájaro.
• Pío, pío... – dijo el sirviente pájaro saltando.
En ese momento volvió a crecer otro trocito la nariz de la malvada bruja.
• ¡Por fin he encontrado la solución para acabar con los hechizos de Pomperiposa! - gritaba a lo lejos la cigüeña que llevaba un gran libro en su pico. - ¡Solamente el grito más horroroso de la tierra acabaría con su hechizo¡ - explicaba la cigüeña.
Los dos príncipes que entendieron el mensaje indicaron a la bruja que mojase su nariz en el lago para refrescársela. Una de las veces que tenía su nariz dentro del agua pasó un cangrejo que llevaba varios días sin comer y viendo esa suculenta nariz la enganchó fuertemente con sus enormes tenazas.
• ¡¡¡Aaaahhh!!!. El grito de Pomperiposa era el más espantoso que se podía oir.
Inmediatamente se rompió el encantamiento y los dos patitos volvieron a ser el príncipe Pepe y la princesa Pepa, y el pequeño pájaro se convirtió nuevamente en el sirviente.
Después de dar las gracias a los pájaros y a la sabia cigüeña volvieron rápidamente al castillo donde los padres les esperaban con gran preocupación por la tardanza de su paseo.
Pomperiposa se convirtió en piedra y dicen los animales del bosque que un día al año se vuelve a oír el horrible grito de la bruja.