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jueves, 20 de mayo de 2010

Manco Capac

Leyendas Incas:

En las tierras que se encuentran al norte del lago Titicaca, unos hombres vivían como bestias feroces. No tenían religión, ni justicia, ni ciudades. Estos seres no sabían cultivar la tierra y vivían desnudos. Se refugiaban en cavernas y se alimentaban de plantas, de bayas salvajes y de carne cruda.

Inti, el dios Sol, decidió que había que civilizar estos seres. Le pidió a su hijo Ayar Manco y a su hija Mama Ocllo descender sobre la tierra para construir un gran imperio. Ellos enseñarían a los hombres las reglas de la vida civilizada y a venerar su dios creador, el Sol.

Pero antes, Ayar Manco y Mama Ocllo debían fundar una capital. Inti les confía un bastón de oro diciéndoles esto:
- Desde el gran lago, adonde llegarán, marchen hacia el norte. Cada vez que se detengan para comer o dormir, planten este bastón de oro en el suelo. Allí donde se hunda sin el menor esfuerzo, ustedes construirán Cuzco y dirigirán el Imperio del sol.

La mañana siguiente, Ayar Manco y Mama Ocllo aparecieron entre las aguas del lago Titicaca. La riqueza de sus vestimentas y el brillo de sus joyas hicieron pronto comprender a los hombres que ellos eran dioses. Temerosos, los hombres los siguieron a escondidas.

Ayar Manco y Mama Ocllo se pusieron en marcha hacia el norte. Los días pasaron sin que el bastón de oro se hundiera en el suelo. Una mañana, al llegar a un bello valle rodeado de montañas majestuosas, el bastón de oro se hundió dulcemente en el suelo. Era ahí que había que construir Cuzco, el "ombligo" del mundo, la capital del Imperio del Sol.

Ayar Manco se dirigió a los hombres que los rodeaban y comenzó a enseñarles a cultivar la tierra, a cazar, a construir casas, etc... Mama Ocllo se dirigió a las mujeres y les enseñó a tejer la lana de las llamas para fabricar vestimentas. Les enseñó también a cocinar y a ocuparse de la casa...

Es así que Ayar Manco, devenido Manco Capac, en compañía de su hermana Mama Ocllo se sentó en el trono del nuevo Imperio del Sol. A partir de este día, todos los emperadores Incas, descendientes de Manco Capac, gobernaron su imperio con su hermana devenida en esposa.

viernes, 30 de abril de 2010

El Cóndor

Había una vez, en un pueblo del altiplano peruano, un hombre que amaba mucho a su hija.
La hija solía llevar a pastar las ovejas, las llamas y los otros animales.
Todos los días venía a visitarla un joven guapo. Llevaba un traje negro, una camisa blanca y sombrero. Al cabo de un tiempo, el joven y la muchacha se hicieron buenos amigos.

Hablaban y se divertían, mientras los animales pastaban en el campo. Un día el joven le dijo: “arrójame al aire y yo haré otro tanto contigo”. Así comenzó el juego. Pero, cuando él la alzó, ella pudo volar.

En realidad, el joven era un cóndor bajo la apariencia humana. Llevó a la jovencita al barranco y la puso en un alto nido. Por dos meses la cuidó, ofreciéndole todo tipo de carne:cruda, asada y cocida. Un año pasó y la jovencita se convirtió en su mujer, dándole entonces un niño.

Pero la pobre lloraba día y noche porque extrañaba mucho a su padre. Se preguntaba
todos los días: “¿Cómo puede mi padre vivir tan solo? ¿Quién lo cuidará? ¿Quién está
haciendo que pasten mis ovejas y mis llamas?” Le dijo entonces al cóndor: “¡Devuélveme a mi casa, quiero ver a mi padre!” Suplicaba y suplicaba, pero el cóndor no le hacía caso.

Un día un picaflor llegó al barranco en busca del néctar que tanto le gustaba. La mujer, sorprendida al ver a otro pájaro, le dijo: “Picaflor, picaflor, con tus alas pequeñitas, no hay nadie como tú. No puedo bajarme de este nido. El cóndor me trajo a este barranco hace un año y ahora soy su mujer y éste es mi hijo”.

El picaflor le dijo a la mujer: “Escúchame, no llores, te ayudaré. Esta noche iré a la casa de tu padre y le contaré todo. El vendrá a buscarte”. La mujer, muy agradecida, le dijo al picaflor:
“Escucha picaflor, tú sabes dónde esta mi casa. Allí tengo un jardín lleno de flores hermosas. Te prometo que, si me ayudas escapar, todas las flores serán tuyas.”
Esa misma noche el picaflor voló al pueblo y le dijo al padre: “He visto a tu hija.

Está en un nido en el barranco, cerca de aquí. Es la mujer del cóndor, pero está muy triste. Quiere volver a casa, pero será muy difícil bajarla. Necesitamos llevar un burro viejo”.

El picaflor le explicó su plan al viejo, mientras los dos fueron a buscar el burro.
Más tarde el padre, acompañado por el picaflor, llegó al barranco. Dejaron el burro viejo y flaco en el fondo del barranco, como si estuviera muerto. Pasó un rato y el cóndor lo vio.

Mientras se lo comía, el picaflor y el viejo subieron al nicho y bajaron a la mujer. Después, llevaron dos sapos (un pequeño y el otro grande) y los dejaron allí en el nido. El padre y su hija volvieron felices a su pueblo.

El picaflor se fue a donde estaba el cóndor y le dijo: “¡Oye, cóndor, no sabes que ha pasado en tu casa!” “¿Qué pasó?”, respondió el cóndor. El picaflor le dijo: “¡Tu mujer y tu hijo se han convertido en sapos!”



El cóndor se fue volando hacia su casa y cuando llegó, vio que ni la mujer ni su hijo
estaban en el nido, sino solamente dos sapos. Abatido, el cóndor volvió a su vida de cazador y el picaflor todavía está en la casa de la mujer bebiendo el néctar de sus flores.