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lunes, 28 de junio de 2010

Tanabata


Quieres saber cómo se creó la Vía Láctea? Pues aquí tienes una leyenda que explicaban los antiguos japoneses para explicar la creación de esa Galaxia.

Había una vez un joven labrador. Un día, cuando estaba caminando hacia su casa se encontró una tela colgada en un árbol. ¡Era una tela maravillosa! La más bonita que el joven había visto en su vida. Así, pensando que alguien la había tirado allí cogió la tela y se la metió en su cesto. Había acabado de poner la tela en en el cesto, cuando alguien le llamó, y al girarse se sorprendió mucho al ver aparecer a una mujer muy hermosa que le dijo: "Me llamo Tanabata. Por favor devuélveme mi 'hagoromo'."

El joven le preguntó: "¿Hagoromo? ¿Qué es un hagoromo?"

Ella le dijo: "El hagoromo es una tela que uso para volar. Vivo en el cielo. No soy humana. Descendí para jugar en aquella laguna, pero sin mi hagoromo no podré regresar. Por eso le pido que me la devuelva."
El joven avergonzado no pudo decir que él la había ocultado y le dijo que no sabía nada de esa tela.

Así, como no tenía el hagoromo Tanabata no pudo volver al cielo y no tuvo más remedio que quedarse en la tierra. Sin embargo, al cabo de un tiempo ella y el joven labrador se enamoraron y se casaron.

Al cabo de unos años, Tanabata, cuando hacía la limpieza de la casa, encontró el hagoromo, y entonces le dijo a su marido que tenía que regresar al cielo, pero también le dijo que había una manera de estar juntos. Si hacía mil pares de sandalias de paja y las enterraba en torno a un bambú podría subir al cielo. Tanabata le estaría esperando.

El joven se quedó muy triste y empezó a hacer las sandalias de paja. Cuando había hecho 999 estaba tan impaciente fue a enterrarlas al lado de un bambú. En ese momento el bambú se alargó muy alto hasta el cielo.
El joven labrador subió por el bambú hasta el cielo, pero le faltaba sólo un poco para llegar. Era el par de sandalias que no había hecho, pero empezó a llamar a Tanabata. Y ésta le ayudó a subir.

Su felicidad no duró mucho porque en ese momento apareció el padre de Tanabata, al que no le había gustado que ella se casara con un simple mortal. El padre pidió al joven labrador que cuidara durante tres días sus tierras.
"Entendido.", respondió el joven.

Tanabata le dijo a su marido que su padre le estaba haciendo una trampa y que aunque tuviese sed no comiese ninguna fruta pues le ocurriría algo malo.
El joven se puso a cuidar las tierras. Pero la mañana del tercer día ya no podía aguantar la sed y sus manos se fueron hacia la fruta. En ese momento, del melocotón que había tocado empezó salir mucha agua convirtiéndose en el río el "Amanogawa"
El joven y Tanabata quedaron separados por Amanogawa y ambos se convirtieron en estrellas, las estrellas Vega y Altaír. Desde entonces, la pareja con el permiso del padre, puede encontrarse sólo un día al año, el siete de julio.

sábado, 22 de mayo de 2010

La tetera magica


A veces las cosas pueden ser más de lo que parecen... ¡Sobretodo si os encontrais con las habilidades para disfrazarse de un tejón!

Habia una vez un monje al que le gustaba mucho beber té. Un día, en una tienda de objetos de segunda mano, descubrió una hermosa marmita de hierro de las que se utilizan para hervir el agua cuando se prepara el té. Era una marmita muy vieja y oxidada, pero pudo ver su belleza bajo la herrumbre. Por lo tanto, la compró y la llevó a su templo, y después de pulirla llamó a sus tres jóvenes alumnos que vivían en el templo.

- Miren que bella marmita compré hoy - les dijo - ahora, herviré agua en ella y prepararé un delicioso té para nosotros.

Colocó la marmita sobre un brasero y todos se sentaron alrededor a esperar que el agua hirviera. La marmita empezó a calentarse y calentarse y, de pronto, sucedió algo muy extraño: la marmita formó la cabeza de un tejón y una cola tupida de tejón, así como cuatro pequeñas patas de tejón.

- ¡Ouch! ¡Está caliente! - gritó la marmita - ¡Me estoy quemando, me estoy quemando! - Con esas palabras, la marmita saltó fuera del fuego y empezó a correr por la habitación sobre sus cuatro pequeñas patas de tejón.

El viejo monje estaba muy sorprendido, pero no quería perder su marmita.
- Rápido! ¡Rápido! - dijo a sus alumnos.- No dejen que se escape. ¡Atrápenla!

Los tres se fueron persiguiendo a la marmita. Cuando finalmente la atraparon, la cabeza de tejón, la cola tupida de tejón y las cuatro pequeñas patas de tejón habian desaparecido y era de nuevo una marmita común.

- Esto es muy extraño - opinó el monje.- Con seguridad es una tetera embrujada. No queremos nada como eso aquí en el templo. Debemos desecharla.

En ese momento, un ropavejero pasó por el templo. El monje tomó la marmita, se la mostró y dijo:
- Esta es una vieja marmita de hierro, se la venderé muy barata, señor ropavejero. Sólo deme lo que piense que vale.

El ropavejero pesó la marmita en su báscula manual y se la compró al monje a un precio muy bajo. Se fue a casa silbando, contento por haber encontrado esa ganga.
Esa noche, el ropavejero se fue a dormir y toda la casa estaba en silencio. De pronto, una voz dijo:
- Señor ropavejero. ¡Oh, señor ropavejero!"

El ropavejero abrió los ojos y preguntó: "¿Quién me llama?" Encendió una vela.

Vio la marmita, de pie junto a su almohada, con la cabeza de tejón, la cola tupida de tejón y las cuatro pequeñas patas de tejón. El ropavejero se sorprendió mucho y preguntó:
- ¿No eres la marmita que le compré hoy al monje?
- Si, ésa soy yo - respondió la marmita - Sin embargo, no soy una marmita común. En realidad, son un tejón disfrazado y mi nombre es Bumbuku, que significa "Buena Suerte". Ese monje viejo y malo me colocó sobre el fuego y me quemó, por eso huí de él. Sin embargo, si me tratas con amabilidad, me alimentas bien y nunca me pones sobre el fuego, me quedaré contigo y te ayudaré a hacer tu fortuna.

- Esto es muy extraño - opinó el ropavejero - ¿como puedes ayudarme a hacer mi fortuna?

- Puedo hacer toda clase de trucos maravillosos - aseguró la marmita y movió su tupida cola de tejón - Lo único que tienes que hacer es ponerme en un espectáculo y vender boletos a la gente que desee verme hacer mis trucos.

El ropavejero pensó que ésa era una idea espléndida. Al dia siguiente, construyó un teatro pequeño en su patio y colocó un letrero grande que decía: "Bumbuku, la tetera mágica de la buena suerte y sus extraordinarios trucos.

Cada día, iba más y más gente a ver a Bumbuku. El ropavejero vendía los boletos al frente y luego, cuando el teatro estaba lleno, entraba y empezaba a tocar un tambor.

Bumbuku salía, bailaba y hacía toda clase de acrobacias. No obstante, el truco que más gustaba a la gente era cuando Bumbuku caminaba sobre una cuerda tensa, con una sombrilla de papel en una mano y un abanico en la otra. La gente pensaba que eso era maravilloso y le aplaudía mucho. Después de la función de cada día, el ropavejero daba a Bumbuku deliciosos pastelillos de arroz para que se los comiera.

El ropavejero vendió tantos boletos que finalmente se volvió sumamente rico. Un dia, le dijo a Bumbuku:
- Con seguridad te cansas mucho haciendo estos trucos todos los días. Ahora tengo el dinero que necesito. Por lo tanto, ¿por qué no te llevo al templo, donde puedes vivir con mucha tranquilidad?
- Bueno - respondió Bumbuku.- Estoy un poco cansado y me gustaría vivir tranquilamente en el templo. Sin embargo, ese anciano monje puede colocarme de nuevo sobre el fuego y tal vez nunca me dé esos deliciosos pastelillos de arroz.
- Deja todo en mis manos - pidió el ropavejero.

A la mañana siguiente, el ropavejero llevó a Bumbuku al templo, junto con una gran cantidad de dinero y algunos de los pastelillos de arroz favoritos del tejón.

Cuando llegaron al templo, el ropavejero explicó al monje lo que había sucedido y le dió el dinero para el templo. Luego preguntó:

- Permitirá que Bumbuku viva aquí con tranquilidad para siempre, lo alimentará siempre con pastelillos de arroz como estos que traje y no volverá a colocarlo sobre el fuego?

- Así lo haré - aseguró el monje - Ocupará el lugar de honor en la casa del tesoro del templo. En realidad, es una marmita mágica de buena suerte y nunca la habría colocado sobre el fuego, de haberlo sabido.

El monje llamó a sus alumnos. Colocaron la marmita en un pedestal de madera y los pastelillos de arroz en otro. El monje cargó un pedestal y el ropavejero el otro y, con los tres alumnos siguiéndolos, llevaron con cuidado a Bumbuku a la casa del tesoro y colocaron los pastelillos de arroz a su lado.

Cuentan que Bumbuku aún está hoy en día en la casa del tesoro del templo, donde es muy feliz. Aún le dan deliciosos pastelillos de arroz todos los días para que se los coma y nunca, nunca, lo colocan sobre el fuego.

miércoles, 21 de abril de 2010

Kaguya, princesa de la luz brillante


Cuentan en Japón, que había una vez una encantadora parejita de ancianos que no tuvo nunca descendencia. Cierto día, el anciano fué a cortar unas ramas de bambú para recolectar brotes, y se fijó en un árbol de bambú del cual surgía luz de su interior…

Cuando cortó el bambú, descubrió a un bebé en su interior. Como no, se lo llevó a casa y hablando con su mujer decidieron quedárselo por entender que era un regalo de los Dioses. El bebé resultó ser una niña, y decidieron llamarla Kaguya-Hime (Princesa de la Luz Brillante). A partir de aquel día, cada vez que el anciano cortaba un bambú, encontraba oro dentro de él… y como no, apenas tardaron en hacerse ricos.

Con el tiempo, Kaguya creció y se convirtió en una preciosa joven. Su elegancia y hermosura fueron conocidas por todo el país y los pretendientes se contaban a patadas. Se dice que 5 príncipes le pidieron la mano, y la muchacha, que no quería casarse con nadie, les pidió tareas imposibles como requisito para casarse con alguno de ellos (encontrar el cáliz sagrado de Buda, encontrar una rama de oro y plata, encontrar una túnica sagrada, unas joyas de colores que brillaban al cuello de un dragón y una concha especial de las golondrinas… anda, que cuando una mujer no quiere…)

Evidentemente, todos fracasaron en su intento. Pero ahí es donde aparece nuestro príncipe de turno, que se enamora perdidamente de Kaguya, pero ella también se negó, diciendo que ella no era de este planeta. El príncipe, cual moscardón discotequero, seguía empeñado con ella, erre que erre.
Sin embargo, durante el asedio principesco, se dice que la joven, cuando por las noches miraba hacia la luna, sus ojos se llenaban de lágrimas. Su anciano padre, preocupado por ella le preguntó el porqué de sus lágrimas y ella le respondió que realmente no era de este planeta, que procedía de la luna, y que era allí donde debería regresar en la próxima luna llena, en la que la vendrían a buscar.

Su anciano padre, preocupado, explicó el problema al príncipe, tratando de encontrar una solución a su marcha, y el príncipe decidió enviar un ejército de soldados para que custodiasen la casa de la princesa por la noche para que nadie se la llevara. Llegado el día (bueno, en este caso, la noche ), cuando la luna volvió a ser llena, una luz cegó a todos los soldados y sus ánimos de luchar desaparecieron. Mientras, la princesa se despidió de sus padres, diciendo que no deseaba irse, pero que era su destino, e igualmente se despidió del príncipe mediante una carta.
El príncipe, desolado al recibir la carta, ordenó que un ejército entero (manía tienen los tios en hacer cualquier cosa mediante un ejército !! jejejeje) subiera a la montaña más alta (el Monte Fuji) y quemar la carta de la princesa, con la esperanza de que llegara a su destinataria, estuviese donde estuviese.

Años después, de la luna cayó la capa que las personas de la luna le dieron a la princesa Kaguya-Hime. Un monje, llamado Miatsu, que pasaba por ahí se enteró de la historia de la princesa y fue a ver al emperador. Le dijo que si alguna vez la luna llena aparecía más de lo debido, llevaran la capa al Monte Fuji y la quemaran.

Cuando el emperador preguntó la razón, el monje le dijo que la princesa Kaguya había recibido la carta que él había quemado tanto tiempo atrás, y que se encontraba molesta por no haberse podido quedar en el planeta, por lo que había decidido convertir a la tierra en un lugar como la luna: sin espacio ni tiempo, sumida en la noche eterna, para poder regresar. El emperador le pidió al monje que sellará a Kaguya en un lugar del cual jamás pudiera salir. El monje Miatsu lo hizo así, en un espejo del palacio (que fue conocido como espejo de la vida o de la luna) con los cinco objetos que la princesa había pedido a sus pretendientes, como llaves de abertura y cerradura del portal entre la luna y la tierra (el monje los tenía); de esta forma la humanidad estaría a salvo del poder de la princesa.

La princesa Kaguya se enteró por medio de un susurro de un sirviente del palacio que estaba encargado de cuidar el espejo que la mantenía cautiva del hechizo y el engaño del emperador, así que le pidió a una de las personas de la luna que hiciera que del Monte Fuji cayera fuego, lava, cenizas y gases venenosos que causaran la muerte de la región entera. La persona así lo hizo, y tomando la furia de la princesa como componente principal, creó al volcán (antes era nada más una montaña), que no hizo erupción debido a que la rabia de la princesa no era suficiente así que tenían que esperar hasta que la rabia de la princesa se acumulara y fuera la suficiente para hacer estallar al volcán. Desde entonces las erupciones del Fuji (pocas en la historia), han sido violentas, debido a la furia de Kaguya-Hime.

lunes, 1 de marzo de 2010

La leyenda de Momotaro

Hace muchos años, en una región apartada del antiguo Japón havia una pareja de ancianos que vivían tranquilamente en unas montañas aisladas. La pareja no tenía ningún hijo y, todo y ser muy ancianos oraban todos los días para que los dioses les concedieran uno.
El hombre viejo había sido un poderoso guerrero samurai en su juventud y había tenido un gran castillo pero ahora estaba contento con su vida sencilla en el campo.
Cuando un día la viejecita estaba lavando la ropa en el río de aguas heladas vio una cosa extraña que bajaba río abajo. Parecía un melocotón gigante. La viejecita se puso muy contenta porque era un melocotón enorme y parecía muy bueno. Se lo llevo a casa para cenar.

Cuando el marido volvió de buscar leña del bosque se disponía a abrir la deliciosa fruta pero…. OH! De dentro del melocotón gigante salió un niño precioso. La pareja de ancianos creyeron que los dioses habían escuchado sus plegarias y lo adoptaron. Le pusieron el nombre de Momotaro que en japonés significa “niño melocotón”.



La alegría entro en la casa y es volvieron a oír risas a todas horas. Los años pasaron rápido y el niño creció sano y fuerte.

A los siete años Momotaro ya tenia la fuerza de un hombre adulto y su padre lo comenzó a entrenar para ser un buen guerrero samurai. Poco a poco aprendió todas las artes del samurai como la equitación, el tiro con arco, el código de los guerreros, esgrima, caligrafía, conocimientos de los clásicos chinos… Toda esas cosas.

Cuando Momotaro cumplió catorce años tuvo un sueño inquietante y muy real. Unos ogros malvados que venían del mar a saquear y destruirlo todos a su paso. Eran muy fuertes y feroces y arrasaban campos y ciudades. Las gentes salían asustadas de su presencia. Llevaban porras gigantes y cuernos,…

El padre de Momotaro le dijo a este que ese sueño es una premonición, que el mismo combatió hace años a los ogros y que son peligrosos enemigos. Como que seguramente pronto volverían a destruir y saquear, el padre le pedía que fuese allá dónde viven y los combata. El Momotaro juró que así seria.

El siguiente día el padre le dio su espada legendaria y su madre unos cuantos pastelitos deliciosos de una receta que sólo ella conocía. Se despide de la familia y se va a buscar la gloria.

A medio camino se paró a descansar y comió, se le acerco un lobo gigante y de aspecto terrible. Dice ser el señor del bosque y tiene una fuerza sobrehumana. La bestia se interesaba por el olor que le hacia el fardo y por los pastelitos de Momotaro. Dice que si le da uno se unirá a él.
En Momotaro le dice que no le dará un pastelito entero sino que compartirá el suyo con el para unirse más.

En Momotaro y la bestia continúan el camino. El día siguiente un mono con una armadura salto encima de él y a los dos héroes les será imposible cogerlos. Es el típico mono juguetón. Le dice que tiene una gran agilidad y que si le da un pastelito le acompañaran. En Momotaro le dice que compartirá uno con él.

El tercer día de viaje llegaron a una gran explanada de césped donde se oía el ruido de un gran pájaro que se acercaba. Parecía un fénix, el señor del cielo. Le dice también que si le da un pastelito le acompaña.


Momotaro y los tres animales finalmente llegan al mar dónde les esperaba una barca. Le pusieron una bandera con un melocotón dibujado en ella y viajaran a la isla de los demonios.


La isla de los demonios tiene un aspecto terrible y desolado y les impresiona cuando la ven. Los demonios de la costa al ver llegar el barco esperaban una gran flota de guerreros y se esconden a su fortaleza. El mono salta encima del muro y el pájaro vuela por encima. Luchan un poco con ellos y el mono consigue abrir la puerta de la fortaleza para que puedan entrar Momotaro y el lobo.


Empezó una batalla épica de aquellas que duro muchos días y muchas noches. Los cuatro héroes se enfrentan a un ejército de ogros en una lucha sin piedad. Finalmente sale el Rey de los Ogros que es enorme y muy peligroso. Momotaro luchará con él. Después de mucho rato, Momotaro le corto los pequeños cuernos que tenia en la cabeza y el Rey de los Ogros pierdo todas sus fuerzas y poderes. Pedía clemencia y Momotaro acepto. El rey de los Ogros le llevara a su palacio dónde le serán devueltos todos los tesoros que habían sido acumulados por los demonios durante milenios. Oro, plata, diamantes, espadas y armas hechas por los mejores artesanos y los dioses, coral, jade y muchos más tesoros y maravillas. El Rey se lo daba todo además de prometer no volver a atacar nunca más a los humanos. Con lo que Momotaro se mostró satisfecho.



Momotaro y sus compañeros se volvieron a embarcar. Devolvieron todas aquellas riquezas a todos los que se las habían sustraído los demonios, pero sobro muchísimo.
Con todo eso, en Momotaro construyo un gran castillo, el más grande que se recuerda en la historia y se lo regalo a sus queridos padres. Mientras tanto él y sus compañeros continuaron viajando por el mundo realizando las más grandes y heroicas proezas.





Una segunda versión de la misma leyenda, esta vez en video: